-¡Varita inútil! ¡Funciona! ¡Por el amor a Ultime debes funcionar! -gritó Ehrizen mientras agitaba la varita con todas sus fuerzas, pero no pasaba nada y solo conseguia desesperarse más, mientras el goblin atacaba desde lejos con su lanza eléctrica. Ya había sentido dos veces el acerto elemental en su armadura. No queria ver que sucedía si le acertaba en piel viva, asi que se disponia a agitar de nueva su varita cuando de subito pensó en una estrategia.
"Ya se lo que debo hacer... es arriesgado y podría morir si cometo un error, pero sino lo hago también terminaria muerta..."
Ehrizen siguio aguitando su varita con su diestra mientras apuntaba a la bestia con albarda que sostenía fuertemente con su zurda. Hokum tenía que tomar su distancia para no correr peligro de que Ehrizen atacara sus alas. No eran naturales, sino una capa mágica que había comprado muy cara en sus viajes al norte. Pero la alabarda de Ehrizen era mas larga que sus lanzas, por lo que el tenía que acercarse a atacar o arriesgaba que de nuevo ella activara la varita de volar. Llevaban un buen tiempo cayendo por lo que lo único que tenía que hacer era elevarse en el último momento y ella se estrellaría contra el suelo.
...Fue en este momento que el plan de Ehrizen entro en efecto.
"Es ahora o nunca" -¡¡KYAAAAA!! -gritó la paladín mientras guardaba su varita en el cinturon y extendía su brazo izquierdo, batiendo con fuerza su alabarda, no para atacar sino para hacer que Hokum se "tropezara" hacia ella en el aire. Luego con la mano libre alcanzó a tomarse de Hokum y tras un rapido movimiento para guardar su alabarda, logro agarrar sus dos brazos desde los codos en una maniobra militar cuerpo a cuerpo conocida como el abrazo de oso. Ya se encontraban a escazos metros del suelo, Ehrizen utilizó su cabeza para mover la de Hokum hacia arriba conectando su coronilla con la barbilla de el y uso su cabello para obstruir su visión.
A este no le quedó mas que batir sus alas furiosamente para aligerar la caida. Con el peso extra de la hermana Fyl y su armadura, le sería imposible levantar el vuelo de nuevo.
-¡Te digo que este tigre quiere decirme algo Miri! -dijo Ehrizette levantando más las manos.
-Estas alucinando Inori, dejame concentrarme, estoy tratando de matarlos con una sola flecha.
Las dos generales de Wiltara discutian a la luz de la luna llena. La contraparte del plan de Goht eran ellas. Al atraer a los soldados medianos hacia la orilla del rio los habían alejado de sus líderes por el suficiente tiempo para que pudieran ser ejecutados. Pero también era necesario darle tiempo de escapar al verdugo, en caso de que algo saliera mal, no querían que los guardias estiuvieran cerca tampoco. Asi que aprovecharon el rio y las plantas para que Inori de Ultime, sacerdotiza de curación y flora amarrara con raices y yedras a los medianos al piso mientras subia la marea considerablemente con sus poderes clericales.
Logro ahogar a muchos de los medianos y los que se acercaban a tratar de auxiliar a sus camaradas eran derribados por el seguro arco largo de Miriadiel DeKass.
-¡Mira mira! ¡Esta haciendo señas con sus patitas!
-¡Es porque ya te tardaste mucho en cancelar ese hechizo de controlar aguas! ¡pesadilla también tiene el agua hasta las rodillas!
La bestia negra empezó a encabritarse hacia atras.
-¡Ah! ¡Perdón! Es que me emocioné mucho y continué levantando las manos. Ya casi es hora de ir a buscar el bastón blanco del Templo Mayor de Ultime...
-Si, pero se me hace raro que no hayan llegado refuerzos o que hayan alertado a los líderes...
La respuesta a esa duda yacia en Dantes. Ella se estaba encargando de flechar a todos los Medianos que se dirigieran hacia la Tienda Principal, donde Goht y Oakfilch entablaban un combate mortal. Ambos lanzaban cuchillos, estocadas y sablazos dobles a una velocidad endiablada sin lograr conectarse mas que miseros rasguños.
-¡Muere, cara de elefante, haha!
-¡...!
-Ya apresurate Oakfilch, va a pasar la hora de dormir de tu mascota -Otearai obsevaba el combate desde la mesa con cero interes. Habia terminado su comida hace rato y no parecía que su congenere estuviera peleando en serio.
-Supongo que tienes razón, anciano. No quiero que se me trasnoche... -sin aviso la hoja de la pequeña cimitarra que empuñaba Oakfilch se tiñió de rojo a una velocidad irreal.
-Hehe, fue divertido.
Goht dio unos pasos torpes hacia atras sujetandose el abdomen...sacó una pequeña botella de sus bolsillos y la ingirió.
-Típico... -exclamó Oakfilch. Tendremos que volver a empezar.
-Eres un monstruo maldito, Raimondi...
En ese momento se abrio un agujero en la tela de la carpa. La parte de arriba quedo con un razguño y dos figuras metálicas, verdes, rojas, blancas y negras al mismo tiempo se precipitaron desde arriba y se estrellaron ruidosamente contra el piso de la tienda, separandose y rodando hacia direcciones distintas.
Pesadilla, con las dos humanas encima, hurgaba entre las distintas tiendas en la pequeña colina junto al rio donde se habían instalado los medianos en esa fatídica noche. Una piedra de la honda de Inori o un mandoble de la espada vorpal de Miri cegaban cualquier resistencia ocacional. Los dos tigres buscaban por su lado también aunque Elen no sabía que es lo que querían las dos generalas, podía imaginarse lo importante que era si requería que se orquestara un ataque tan arriesgado con las pocas fuerzas wiltarenses que quedaban.
-(¡Myah! Este debe ser, un bastón blanco y altamente custodiado) -se dijo Elen mientras entraba en lo que parecía ser la antecamara de la habitación de uno de los dirigentes medianos [Otearai, para ser exactos] -(Seguro que esta lleno de trampas mágicas... Magos... Pero creo que si se los llevo talvez entiendan que soy yo. Luego habra que buscar mis ropas, creo que se las pudo llevar el rio con ese truquito que uso Inori DeUltime).
Al primer paso que dió saltaron inmediatamente espinas de piedra desde el piso, un truco que ella no desconocía. Mark también retrocedió inmediatamente.
-(No temas, compañero tigre. Yo me encargaré de recuperar el báculo, tu espera aquí y cuida mis espaldas.)
-(Acordado...Ten cuidado.)
Mientras avanzaba las espinas alcanzaban a razgar su gruesa piel de tigre. sangraba ligeramente pero el daño era mucho menor del que hibiera sufrido en forma humana. Apreto sus relucientes colmillos y llegó hacia la vitrina que albergaba dentro de si el báculo. Tenía un pequeño cerrojo, pero ella sabía bien que estaría embrujado por lo que se limitó a quebrar el cristal con sus garras. Al hacerlo, una emanación de fuego se precipito sobre ella.
Saltó hacia atras con agilidad, evitando cualquier tipo de daño de la explosión, pero cuando aterrizó, sus patas traseras se enterraron de lleno en las espinas mágicas.
-¡GRAAAH!(¡Agh!.)
-(¡Elen!)
Al mismo tiempo un conjuro de invocación se activó y tres pequeñas criaturas, dos voladoras y una terrestre se manifestaron en el pequeño cuarto.
-(¿Qué son esas cosas!)
-¡Mephit! -Dijo la criatura voladora roja.
-Mepith~ -continuó la criatura voladora blanca.
-Mepith. . . -finalizó la criatura terrestre azul.
-¡Acabemos con el intruso!
-Si, rápido para poder regresar a casa. . .
-Aunque es un simple animal, que mala suerte tiene~
-¿Por que no te callas y atacas?, Aire, tenemos tiempo limitado. . . -el Mepith Azul aspiró profundamente y expulsó un vendaval de escarcha a lo largo del cuarto. Elen lo esquivó habilmente aunque se encontraba perpleja de la extravaganza de las criaturas. La roja se veía agresiva y tenia alas de fuego que iluminaban la habitación y despedían calor. Su cabeza tambíen parecía una antorcha.
El blanco tenía alas de pajaró, una cabeza como un humanoide normal pero de tes blanca y cabello albino rapado excepto por la línea del centro, que estaba engomada hacia arriba en notorias puntas. El azul parecía casi femenino, portaba una capa, su cabeza estaba semi cubierta pero parecía estar formada por un cubo de hielo. Tenia un aire arrogante y ciertamente le recordaba a Mahogany Dulune...
Todos eran pequeños pero mas altos que un mediano. Sus cuerpos estaban compuestos por una cabeza elemental, un tronco que parecía un simple saco de piel, como un oso de peluche. Sus extremidades estaban también desnudas pero eran simples tubos con dos falanges afiladas en forma de horquilla. Sus piernas eran como palos negros que terminaban en pequeños bultos que uno se atrevería a llamar pies.
Mark había recibido la peor parte del cono de escarcha, y se revolcaba en la entrada sin poder ver y con su cara quemada del frio repentino.
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Elen no tuvo tiempo de preguntarle si se encontraba bien. El Mephit blanco cargaba hacia ella con sus pequeñas garras. El rojo se preparaba para conjurar algo que seguro haría mas que cegarla si la tocaba.
-¡SCORAY!
-A la carga~
-Misíl Mágico...
Se abalanzó sobre el blanco y lo hizo caer sobre las espinas mágicas, sintió en la espalda el rayo achicharrante del rojo y en las costillas los dos dardos fantasmas del azul. Casi hizo trizas al blanco en unos segundos con sus cuatro garras y su afilado hocico. Se dirigía hacia el azul ahora pero de repente, mientras estaba en el aire sintió un torbellino que la empujo contra la pared junto a la vitrina del báculo.
-Esa bestia pelea duro~ -Mientras hablaba, el Mephit conocido como "Aire" empezó a batir sus garras como echandose aire sobre las heridas, que empezáron a cerrarse lentamente.
Elen estaba enfurecida. Esta vez brincó sobre el Mephit azul y no paró de atacar hasta que vió que ya no se movía. La criatura, fria al tacto, se derritió sobre el piso de la tienda. Los dos Mephits restantes revoloteron sobre la tigresa hiriendola ocasionalmente con sus garras y alejandose a curarse cuando esta los alcanzaba.
El blanco se había vuelto casi intocable, su agilidad aérea era un problema. El Mephit rojo introducía su mano en la flama de las antorchas para curarse, por lo que Elen recurrió a tumbar estas al piso, para que no pudiera estar fuera de su alcance al curarse. Esto ocaciónó que las paredes de la tienda empezaran a quemarse, asi que la criatura pudo continuar curandose, al ponerse en contacto con este fuego. Mark solo podía darle apoyo moral a su congenere mientras observaba desde el otro lado de la tienda. De repente las dos criaturas, como conectadas por telepatía se aferraron a Elen y comenzaron a arañarla y morderla, luego se resignaron. Empezaron a hacerse translúcidas y la de color rojo recitó
-¡Desafortunadamente, nuestro tiempo se ha acabado!
-Acabado~.
Elen estaba aliviada de que se desvaneciera el conjuro, pero estas criaturas le habían parecido sumamente antipáticas. Le arrancó la cabeza al blanco de un zarpaso antes de que terminara de desvanecer.
Tomo la fina vara labrada de roble blanco en su hocico y salió por una de las paredes que se quemaban sin exponerse de nuevo a las espinas de piedra. Rastreo con su olfato a Inori y a Miriadel, qué no se encontraban lejos. Sin embargo, avanzó lento por las profundas heridas en sus patas.
-¡Mira Miri!¡Trae el Báculo Blanco en sus fauces!
-Es cierto..
-Ay, parece que el gatito se quemo, ¡buen gatito!, CURA MENOR DE ULTIME.
-(¡¿Menor?!¡¿Ni siquiera "leve"?!. . . Bueno, es mejor que nada.)
-Sus ojos son... purpuras, Miri.
A la luz de la luna, las pupilas de Elentari Wildonde habían sido reveladas a la sacerdotiza.
-¡Imposible!
Ehrizen se incorporó pasados unos segundos y utilizó sus favores divinos para curarse algunas fracturas de la caída. De nuevo su alabarda estaba arruinada,la hoja se había torcido al estrellarse contra el piso.
"Rayos... de nuevo se ha roto mi alabarda... parece que Ultime desea que yo pelee con las espadas... así será" Ehrizen desenvainó sus dos espadas mágicas. La pequeña hoja de cristal vibró al sentir la presencia de Oakfilch y la paladin no pudo dejar de notarlo. Una vez disipado el polvo del aterrizaje, Ehrizen notó también la presencia de Goht.
-Agente Especial Synreen
"El es..."
-Y yo veo que trajo mas invitados a la fiesta, Capitan Fyl.
Otearai se acercó, por fin levantandose de su asiento, y curó por completo a Hokum con la fuerza de su fé.
-Gracias Anciano. La mujer amazónica es un paladín de Wiltara, la Capitana Ehrizen Fyl.
-¿Asi que también viene por venganza?
-No lo se, ¿Dónde estan los soldados?
-Temo que haya una trampa afuera de esta carpa, muchacho. Sería mejor que fuera a investigar alguién con tu movilidad.
-No puedo, le he prometido un duelo a esa mujer. Llama una montura y ve tu, amigo mediano.
-Entendido, ¿trajiste las lanzas que te pedí, Hokum?
-Afirmativo Almirante, ¿le molesta si me quedo con una?
-Adelante... tened cuidado.
Ehrizen observaba con recelo el intercambio de palabras mientras sostenía con mas fuerza sus espadas, no podía bajar la guardia en territorio enemigo.
Mientras, muy cerca de ahi, un prisionero no podía creer lo que escuchaba, mientras el mediano conjuraba a una mitica bestia, mitad águila, mitad bestia de carga, se acercó hacia la recien llegada.
-Goht, permiteme usar esa cimitarra. Mi oponente tiene una lanza y considerables hechizos arcanos a su disposición.
-¿Planeas cederme tu espadón, Capitan Fyl?
-Te equivocas, esta espada corta de cristal será aun más efectiva contra tu adversario. En cuanto la empuñes entenderas lo que quiero decir. Si tu honor es suficiente para que te acepte, claro está.
Lanzaron sus armas y atraparon la del otro simultaneamente.
Pero antes de que pudiera hacer otra cosa, Ehrizen sintio movimiento a su lado y volteo a ver, encontrandose con una figura desgarbada y demacrada que se le acercaba. Corriendo y arrastrando pateticamente sus cadenas,cayó de rodillas el prisionero frente a la capitana Fyl.En su estado demacrado causó una sorpresa considerable a la Paladín.
-¡Ehrizen!¡Ehrizen Fyl!
"Esa voz... n-no... no puede ser" -¡¿D-Daffo?!
-Si, soy yo, ¡Daffodil DeKline! -dijo entre sollozos de felicidad.
Ehrizen se quedo pasmada observando como el prisionero levantaba su rostro y un par de ojos que conocía muy bien le devolvian la mirada. De pronto sintio como las piernas le flaqueaban y amenzaban con tumbarla... ahi estaba el, Daffo, su amigo, su confidente y aquel por quien ella profesaba algo mas que amistad. Aquel a quien penso muerto en la batalla del Fuerte Viejo... estaba ahi, demarado, debil, pero vivo.
-¡Oh, Daffo, Daffo, eres tu, ¡¡Si eres tu!!
-Si, Si, Ehrizen. Por favor, ¡matame!
Ehrizen se congelo y lo miró sorprendida, no sabia que decir, no sabia que hacer...
- ¿Q-Qué dices? Yo-yo no podría, no en-entiendo...
- ¡Por favor, no preguntes, solo hazlo!
Ehrizen se acercó a el con los ojos brillosos por las lagrimas que amenazaban con resbalar por sus mejillas. Vio el rostro de su amigo, vio la desesperación en sus ojos y tomo una decisión. Con mano temblorosa levantó su espada bastarda y cerró los ojos, tomó aire y de un golpe la dejo caer, con toda sus fuerzas y hasta con un poco de magía que aun le quedaba.
Se escucho un golpe seco y metalico y como cadenas golpeaban contra el suelo. Ehrizen abrió los ojos y miró el cuerpo de Daffo, temblando, y como lentamente este levantaba el rostro, mirandola, los ojos llenos de dudas.
La paladin solo levantó su espada y la puso a su costado, poniendose en posición de pelea entre Daffo y sus captores, mientras de una fuerte patada mandaba a volar las cadenas que segundos
atras aprisionaban a su amigo.
-No puedo matarte, no puedes morir, no debe morir soldado, aun le queda mucho en que ayudarme en esta batalla, ahora de pie, ¡Es una orden de su capitan! -gritó Ehrizen con un tono demandante y fiero, mientras sostenia sus armas hacía Hokum.
-¡ESTOY LISTA, HOKUM!
1 comentario:
Super!
Bien hecho.
Espero poder avanzar un buen de capitulos estas vacas de verano.
Yoroshiku!
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